Alejandro tomó el papel.
Regina susurró:
—No agarres nada.
Pero él ya lo había abierto.
Ahí estaba escrito:
Hospital General de México. Urgencias. Paciente: Esperanza Hernández. Ingreso: 6:20 p.m.
Alejandro leyó el nombre otra vez.
Esperanza Hernández.
Su rostro perdió color.
Lucía, pensando que había hecho algo malo, retrocedió un paso.
—Perdón, señor. Si quiere, nos vamos.
Alejandro levantó la mirada.
Y por primera vez en muchos años, el hombre que casi nunca dudaba no pudo decir ni una sola palabra.
PARTE 2
Regina notó el silencio de Alejandro y frunció el ceño.
—Alejandro, cierra la puerta y llama a seguridad.
Lucía abrazó a Mateo con desesperación.
—No nos mande con la policía, por favor. Yo solo quería leche para él. Yo aguanto más.
Esa frase rompió algo dentro de la casa.
Yo aguanto más.
Alejandro miró hacia la cocina.
Tenía un refrigerador lleno, alacenas llenas, frutas importadas que a veces se echaban a perder porque nadie las tocaba.
Y enfrente de él había una niña que había aprendido a medir el hambre en tragos pequeños.
—Pasa —dijo de pronto.
Regina abrió los ojos.
—¿Qué?
—La niña entra. El bebé va a tomar leche. Luego iremos al hospital.
Lucía no se movió.
—Puedo esperar afuera.
—No —dijo Alejandro, más suave—. Entra, Lucía.
Ella cruzó la puerta como si entrara a un museo donde cualquier paso podía romper algo.
Miraba el piso de mármol con miedo, intentando no ensuciar.
Regina, todavía tensa, fue a la cocina. Sacó una taza.
—Es mejor tibia —dijo, casi molesta consigo misma—. Para que el bebé no se enferme más.
Alejandro calentó la leche en una olla pequeña.
Hacía años que no hacía algo tan simple con sus propias manos.
Cuando puso la taza frente a Lucía, ella la tocó primero para revisar que no quemara.
Luego acercó la leche a Mateo.
El niño bebió lento al inicio, después con una ansiedad triste, como si su cuerpo no pudiera creer que por fin había alimento.
Lucía intentó quitarle la taza.
—Ya tomó.
—Puede tomar más —dijo Alejandro.
—No quiero abusar.
Regina abrió el refrigerador y sacó sopa, pan, queso, fruta.
Lucía se alarmó.
—Señora, yo no pedí comida.
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