Mark ayuda a Sarah a abrirse paso por un terreno difícil.
Detrás de ellos, el equipo forense reanudó su minucioso trabajo, fotografiando y catalogando cada detalle de la escena del crimen.
Sarah permaneció sentada en el coche durante unos minutos antes de arrancar el motor, mirando por el retrovisor mientras Mark subía a su camioneta.
El viaje de regreso a Pine Ridge pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Sarah se encontró de vuelta en casa, en el mismo rancho de los años 70 del que Emma había desaparecido, sin recordar nada del viaje.
La camioneta de Mark estaba estacionada en la entrada de la casa, detrás de ella.
Hacía un calor sofocante dentro.
Podías encontrar recuerdos de Emma en cada esquina.
Su obra seguía colgada en el refrigerador.
Sus puntos de referencia de altura están dibujados a lápiz en el marco de la puerta de la cocina.
Su cereal favorito seguía en la despensa porque Sarah no podía tirarlo.
“Voy a prepararme un café”, dijo Mark, entrando en la cocina con la naturalidad de alguien que alguna vez había vivido allí.
Incluso tres años después del divorcio, ella seguía sabiendo dónde estaba guardado todo.
Sarah, distraídamente, sacó un maletín del cajón de la cocina y extendió su contenido sobre la mesa del comedor.
Informes policiales, declaraciones de testigos, fotografías, mapas cuadriculados para la búsqueda.
Tres años de investigación desesperada, cuidadosamente acumulada.
Mark regresó con dos tazas y colocó una en la mano de Sarah.
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