“Bueno, ¿vas a seguir llorando o me vas a cambiar el pañal?”
Volví a la empresa.
Y ahí descubrí otra cosa.
Mi ex llevaba meses haciendo un desastre.
Llegadas tarde.
Errores.
Ausencias.
Delegaba todo.
Se iba antes.
Encima comentaba con otros empleados que estaba “pasando un momento difícil”.
Qué casualidad.
Pedí informes.
Los números eran horribles.
Recursos humanos hizo el proceso normal.
Advertencias.
Seguimiento.
Nada cambió.
Hasta que un día me trajeron el informe final.
Me tocó estar en la reunión.
Entró con una seguridad increíble.
Se sentó y me dijo:
—Espero que podamos separar lo personal de lo laboral.
Yo pensé: qué optimista.
Le expliqué el desempeño, los incumplimientos y la decisión.
Se quedó callado.
Y dijo:
—¿Me estás echando?
Le respondí:
—No. Tus resultados te están echando.
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