Mis vecinos extranjeros me dieron esto mientras me deseaban una buena comida.

Sin saber qué hacer, decidí buscar en Internet. Con una foto, una descripción, la forma, el color… y después de un rato de búsqueda, encontré la respuesta.

En realidad eran castañas de agua.

Un alimento muy común en varios países asiáticos, que se usa a menudo en salteados, ensaladas o incluso se consume crudo. Contrariamente a lo que sugiere su nombre, no es una castaña como las que se comen en invierno, sino una verdura crujiente que crece en el agua.

Un alimento extraño pero muy popular.

Las castañas de agua son muy apreciadas por su textura crujiente y su sabor suave, que recuerda un poco a la avellana o al rábano dulce. Se pueden pelar, cocinar, añadir a platos o comer crudas.

En algunos países, es un alimento muy común, casi ordinario. Pero para alguien que nunca lo ha visto, puede parecer realmente extraño a primera vista.

Al día siguiente, tras comprender de qué se trataba, les expliqué a mis vecinos mi descubrimiento. Se alegraron mucho y, con gestos, me enseñaron a pelarlas y comerlas.

Lo que esta historia nos enseña

Esta pequeña historia es, en definitiva, muy sencilla, pero muestra algo importante: lo que es normal para una persona puede parecer totalmente extraño para otra.

El mundo está lleno de diferentes comidas, costumbres y tradiciones. Y a veces, basta con un vecino, un plato desconocido o un ingrediente misterioso para descubrir una nueva cultura.

Esto demuestra que detrás de un alimento que a primera vista parece un poco intimidante, puede haber una grata sorpresa... y a veces incluso un  descubrimiento culinario .

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